Bien sabe Dios que todo aquel que pase por aquel colegio con apariencia de lujoso Hotel ha de cruzar la dura prueba que llega más o menos a la hora de comer.

Estoy hablando para el que no lo sepa de aquel zulo heredero de los mejores zulos de Euskadi, dónde unas mujeres con bata de doctor maligno obligan a unos pobres alumnos a jalar todo tipo de especimenes, quizá elementos que hayan sobrado del laboratorio de Alfonso o escoria que contacte con las alcantarillas (cosa que explicaría el porqué de la ubicación de dicho campo de concentración en el piso más bajo).

En nuestro caso, y hablo ya como supervivientes, ya que supongo que la mayoría de nosotros estaremos fuera de aquella pesadilla ya sea en la Universidad o dentro de algún Open Cor, y para mi como al resto ha constituido una experiencia bastante horripilante. Horripilante hasta el punto de que alguno de dichos manjares eran asimilados con suma gratitud por parte algunos alumnos. También es verdad que eran un tanto raritos.

Lo curioso del asunto es que no estabamos en la cocina económica, ni en la legión. Estabamos metidos en el colegio más caro de la coruña.

Tal vez estabamos instalados en una red que conectaba Guantanamo con la Coruña, y el colegio no se dió cuenta de ello. Y puestos a ser más fantasiosos, puede que creyeran que cocinaban de puta madre, pero en cualquier caso hay movidas que no pueden explicarse.

Para no hacerme tanto el siniestro lo resumiré explicando el ritual.

Primero todos estabamos en la fila emplatanados en la escalera mientras oíamos gritos de horror. Destinados a comer algo que ya estaba comido bajamos de uno en uno mientras una vieja greñosa, mezcla del sargento de artillería de la chaqueta metálica y un camionero, nos enfilaba con sus seseos (pues no tenía ni puta idea de pronunciar la Z), y todos nos marabamos de ella por lo que muchos de nosotros nos quedabamos sin comer (menos mal). Los tontos que no se reían de ella pasaban a la segunda fase.

En la segunda fase veíamos todo un museo de los horrores, todo cubierto de manzanas, que supongo eran elementos de cosmética para que al darles un chante nos destrocemos los dientes y así, si cabe, sufrir más. Nos situamos cada uno en su mesa, en grupos, en plan Operación tormenta del Desierto. Estabamos tan bien adiestrados que no hacían falta unos grilletes ni una simple cuerda para atarnos a las sillas.Mientras tanto, resaltaba por encima de todo un pasadizo secreto que llevaba a una camara dónde había gente que comía, y porsupuesto, dicho receptáculo, tenía un pase VIP para el profesorado. El resto se suponía que no merecía comer, pero ¿porqué?

La siguiente fase era introducir los residuos tóxicos por el orificio de la boca. Ellos lo llamaban el primer plato. Entre los primeros platos más conocidos no había muchas variantes, entre ellas destacaban:

-Sopa de estrellas–> El mítico plato que hace cualquiera cuando no tiene ganas de hacer nada. Igual, pero con pelos de coño ( claro, las pobres tienen que trabajar tanto que ya no les quedaban manos…).

-Menestra—>Este plato, incluso para nuestros torturadores, levantaba muchas discordias: era demasiado duro. Algunos han llegado a dimitir y todo por problemas de conciencia. Para los pocos que se atrevían a tomarlo no volvían, o bien lo hacían con malformaciones que perjudicarían seriamente a su descendencia. Para el resto, el suelo y los propios bolsillos ( para los más cerdacos, claro ) representaban los principales zonas estratégicas de ubicación.

-Crema de calabaza–> No estaba del todo mal, lo que ocurría es que por miedo la gente lo esparcía por el suelo y lo escupían en el mismísimo jeto al acosado escolar de turno ( siempre habrá uno…).

-Sopa con tarrones–> Los tarrones procedían de la mismísima tabla periódica, y a pesar de que resultaba curioso el efecto de subida de algunos de ellos ( a veces parecía que te metías un carton, y todo ), en otros provocaba la inesperada y lógica arcada, o la rabada más apoteósica y vistosa, en cuyo caso era recogida para la elaboración de nuevos platos . Otros no volvían…Pero en fín, si te bebías solo la sopa aún incluso podías llegar al segundo.

La siguiente fase era buscar la bandeja con el rancho dónde dos camioneras con mucho pelumen de sobaco se maraban por el destrozo que había hecho. En el segundo plato se mezclaba de todo, desde la comida de ayer hasta baba de caracol. Unos ejemplos vehacientes son los siguientes.
-Pescado–> En realidad era un trozo de plástico que simulaba un pez. La mayoría de ellos eran empleados en apuntar a la jarra del agua, en una especie de defensa ecológica-marina en apariencia pero lo cierto es que no queríamos mascar más plásticos porque estabamos hasta las bolas. Ciertamente nuestros torturadores lo sabían y se maraban con risas forzadas en plan doctor maligno, así que nuestras reclamaciones eran anódinas. Se ha llegado a creer que dichos plásticos eran una amenaza alienígena del más allá, pero el colegio ignoró el asunto, y siguió importando dicho plástico en el mercado negro.

-Pollo–> Este plato pasaba dos fases. En la primera la cocinera, una vez efectuado el plato, jalaba el pollo, y la grasa que quedaba se lo ponían los cocineros palomos como gomina. En la segunda fase, los alumnos hastiados tras el esfuerzo intelectual que supone jalar el primer plato, se sienten impotentes al ver que se les trata como perros, obligados a comer huesos de un pollo que nunca comeran. Las patatas que acompañaban el plato la hacían con la roña que les sobraban de los dedos de los pies.

Pizza–> Dicha pizzas estaban formadas por armas biológicas y radiactivas ( se dice que la compran en el mismo lugar que los plásticos ), y ya que la pizza es un masa con cosas encima, la propuesta es ilimitadísima. Aquí las mentes más retorcidas del planeta no paraban de sacar una receta más asquerosa que la anterior. Al final de tanto pensar, le pusieron dos salchichas del carrefur encima y fuera, los muy retros.

Tortilla–> Más que una tortilla era una especie de esponja que al apretarla le salía todo el huevo, así en plan churretoso, líquido. Así que el atorao que se la zampaba entraba en una especie de bucle donde lo fácil es entrar pero lo difícil es salir: no se podía comer por la cantidad de agüita amarilla que le chorreaba, ni tampoco beber por riesgo a morirse por algún tropezón. Al final era escupida y potada en la jarra del agua, y nadie ha visto nada.

Después de este proceso muy parecido al de supervivencia de Darwin, los más chuck Norris del grupo llegaban al final, donde se pone en jaque su masoquismo, ya que uno podía pasar libremente del postre. Hubo días tan brutales que el que consiguió llegar a esta fase recibía el asombro y el perdón de los torturadores, arrodillados clamando piedad. Los que se iban de kies y aceptaban el postre, disponían de lo siguiente.

Manzana y manzana : O mejor dicho un 1/16 de manzana dentro un 10 % de la misma. El pardillo que pillaba una entera y pasaba de la línea que separa el campo de concentración del resto del mundo era ejecutado sin miramientos.

Esto es el esquema básico de un día cualquiera en nuestras vidas como estudiantes en el Eiris. Por suerte, tarde o temprano algunos sobrevivimos, algunos a lo campeón incluso, pero…¿ Como podremos olvidarlo? ( pa que mole más, añadir la song Ave María de fondo, la de Schubert, no la del tonto ese).

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